Cada vez que la tierra se rompe frente a las costas de Guerrero u Oaxaca, la Ciudad de México recibe un aviso que dura entre 30 y 90 segundos. En ese margen, millones de personas salen de los edificios, el metro frena y las escuelas evacúan. Todo depende de una red de sensores instalada en la costa del Pacífico, capaz de avisar más rápido que la onda que derriba muros.
¿Cómo puede una ciudad enterarse de un terremoto antes de sentirlo?
La carrera que la ciudad gana
Por: Gabriel E. Levy B.
Un terremoto empieza cuando dos placas se rompen bajo el mar. Desde ese punto salen dos clases de ondas. Las primarias viajan rápido y sacuden poco. Las secundarias llegan después y son las que tiran paredes. Entre unas y otras pasan varios segundos, y esa diferencia abre la primera ventana de aviso. Los sensores atrapan primero la onda rápida y ganan un adelanto extra.
La segunda ventana es la decisiva. Una señal de radio viaja casi a la velocidad de la luz, mientras la onda sísmica más veloz avanza a unos seis kilómetros por segundo. Cuando un sensor en la costa detecta el sismo, la alerta llega a la capital mucho antes que la sacudida. La distancia juega a favor de la ciudad. La zona donde nacen los grandes sismos, frente a Guerrero y Oaxaca, queda a más de trescientos kilómetros del Valle de México, así que el aviso puede durar de veinte a más de cien segundos. Cuanto más lejos el epicentro, más largo el margen.
Una respuesta al golpe de 1985
La cuenta pendiente viene del 19 de septiembre de 1985. Aquel día un sismo de magnitud 8.1 derrumbó buena parte del centro de la capital y dejó más de diez mil muertos. La tragedia empujó a un grupo de ingenieros a fundar el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico, conocido como CIRES, con una meta que parecía imposible: avisar de un terremoto mientras ocurre.
En 1991 arrancó el Sistema de Alerta Sísmica con doce estaciones en la costa. Fue el primero de su tipo abierto al público en todo el mundo. Cuatro años después, el 14 de septiembre de 1995, emitió el primer aviso a una ciudad que registra la historia. El metro de la Ciudad de México fue el primero en conectarse. Con el tiempo el sistema creció hacia Oaxaca y otros estados, y adoptó el nombre que lleva hoy, SASMEX.
Sensores en la costa, decisiones en segundos
El corazón del sistema son noventa y siete sensores repartidos por el litoral del Pacífico, desde Jalisco hasta Oaxaca, justo encima de la zona donde una placa se hunde bajo otra. Cada aparato mide la aceleración del suelo y reconoce un sismo en un radio cercano a noventa kilómetros.
Aquí entra la parte más fina. En los primeros segundos, tres algoritmos calculan la magnitud a partir de la energía que registra el sensor. Uno resuelve en tres segundos y sirve para las poblaciones pegadas al epicentro. Otro espera a leer más señal para afinar la estimación en los sismos grandes. Los umbrales cambian con la distancia, porque para un temblor cercano basta una magnitud superior a cinco y para uno lejano se exige que pase de seis. El aviso solo se dispara cuando al menos dos estaciones confirman que el sismo supera los niveles de peligro. Ese doble candado busca frenar las falsas alarmas sin perder velocidad. El CIRES sostiene que emplea inteligencia artificial para reconocer el temblor y estimar su tamaño casi de inmediato.
Del sensor a la bocina, la ciudad conectada
De poco sirve detectar el sismo si el aviso no llega a la gente. La señal viaja por radio hasta los centros de control y desde ahí se reparte por cada canal disponible. Las estaciones de radio y televisión la difunden desde 1993. En las calles de la capital suena desde 2015 en casi catorce mil altavoces. En 2025 se sumó el Cell Broadcast, una tecnología que lanza el mensaje a más de ochenta millones de celulares al mismo tiempo, sin necesidad de internet ni de una aplicación.
Todo ese engranaje pasa por el C5, el búnker tecnológico de la ciudad que opera más de ochenta mil cámaras y concentra las llamadas de emergencia. Ese centro recibe la alerta, la reparte y luego despliega helicópteros y revisa cámaras para medir los daños. La alerta sísmica se volvió así una pieza más de la ciudad inteligente, ese modelo donde miles de sensores conectados y respuestas automáticas en tiempo real trabajan juntos para cuidar a la población.
Cuando el margen se agota
El sistema choca con un límite que ninguna tecnología resuelve. Si el epicentro queda cerca, no hay tiempo. El 19 de septiembre de 2017, un sismo nacido entre Puebla y Morelos golpeó la capital cuando la alerta apenas empezaba a sonar. La ciudad tuvo alrededor de nueve segundos y murieron trescientas sesenta y nueve personas. Ese día quedó claro que el aviso protege mejor frente a los sismos lejanos.
Doce días antes, el 7 de septiembre de 2017, un sismo de magnitud 8.2 frente a las costas de Chiapas y Oaxaca le regaló a la capital más de noventa segundos. La misma red que casi no alcanzó el día 19 funcionó de forma ejemplar cuando el epicentro estuvo lejos. Las falsas alarmas son el otro frente delicado, porque cada error, por una falla técnica o humana, siembra pánico y desgasta la confianza de una población marcada por 1985 y 2017. Aun así, México sigue siendo una referencia mundial. Japón levantó más tarde una red mucho más densa, aunque la idea de avisar a toda una ciudad antes de que llegue el temblor nació en suelo mexicano.
La lección viaja bien hacia el resto de la región. El 24 de junio de 2026, un doblete sísmico de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudió el norte de Venezuela, con epicentros en Yaracuy y La Guaira, y se sintió con fuerza en Caracas. Semanas después, el 10 de agosto, un sismo de magnitud 6,6 golpeó el Chocó colombiano. Ni Venezuela ni Colombia tienen todavía un sistema de alerta sísmica temprana equiparable al mexicano, y la experiencia de la Ciudad de México marca un camino que vale la pena estudiar.
En resumen, la Ciudad de México no predice los terremotos, los detecta apenas empiezan y aprovecha que las telecomunicaciones corren más rápido que la tierra. Una red de sensores en la costa y miles de bocinas conectadas al C5, gobernadas por algoritmos que deciden en segundos, transforman ese pequeño margen en vidas salvadas. Es uno de los ejemplos más claros de lo que ofrece una ciudad inteligente cuando pone la tecnología al servicio de la gente.
Referencias
- Centro de Instrumentación y Registro Sísmico. Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX). cires.org.mx
- Centro de Instrumentación y Registro Sísmico. Así funciona la Alerta Sísmica. Blog CIRES.
- Instituto para la Seguridad de las Construcciones de la Ciudad de México. Red Acelerográfica y Sistema de Alerta Sísmica de la Ciudad de México. isc.cdmx.gob.mx
- Influencing Factors on the Usefulness of an Earthquake Early Warning System during the 2017 Mexico City Earthquakes. Sustainability, 2021, volumen 13, número 20, artículo 11499.
- Milenio. ¿Cómo funciona la Alerta Sísmica en México? milenio.com
- Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas. Doble terremoto de Venezuela del 24 de junio de 2026. funvisis.gob.ve
- Servicio Geológico Colombiano. Sismo de magnitud 6,6 en San José del Palmar, Chocó, 10 de agosto de 2026. sgc.gov.co

