Durante décadas, los neumáticos usados simbolizaron uno de los dilemas ambientales más corrosivos de la modernidad.
Su aparente invulnerabilidad, diseñada para resistir el asfalto inclemente, los convirtió en residuos eternos, difíciles de eliminar, peligrosos de incinerar y problemáticos de almacenar.
Hoy, esa herencia tóxica ha mutado en oportunidad.
Lo que antes se apilaba en cementerios de caucho, hoy alimenta una economía circular que convierte el desecho en recurso, y la basura en infraestructura.
“Los residuos no existen, solo materias mal ubicadas”
Por: Gabriel E. Levy B.
Durante gran parte del siglo XX, los neumáticos fuera de uso se trataron como un estorbo.
Enormes vertederos clandestinos se multiplicaron en las periferias urbanas, generando riesgos sanitarios, incendios espontáneos y filtraciones contaminantes.
La composición del neumático, una mezcla de caucho sintético, negro de carbono, fibras textiles y acero, impidió durante mucho tiempo su reciclaje eficiente.
Según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, a principios de los años 90 se acumulaban más de 3 millones de toneladas de neumáticos usados solo en Europa.
En Estados Unidos, la Environmental Protection Agency estimó que en 1990 existían más de mil millones de neumáticos desechados sin procesar.
Su degradación podía tardar siglos. Su incineración liberaba dioxinas y metales pesados. Su abandono generaba criaderos de mosquitos y alimañas.
Pero esta historia de contaminación y pasividad comenzó a cambiar en el siglo XXI.
El problema dejó de ser exclusivamente ambiental para transformarse en una posibilidad industrial: los neumáticos comenzaron a ser vistos como depósitos inadvertidos de materias primas valiosas.
“El asfalto del futuro se construye con la basura del presente”
La verdadera metamorfosis del neumático usado comenzó cuando la ingeniería civil descubrió en él una promesa escondida. Más allá del acero, que puede extraerse con potentes ganchos hidráulicos y fundirse para la industria metalúrgica, el caucho triturado demostró tener aplicaciones sorprendentes.
Una de las más revolucionarias es el asfalto cauchotado.
Este material se obtiene al mezclar el polvo de neumático reciclado con betún y otros agregados.
Las ventajas son numerosas: mayor elasticidad, menor agrietamiento térmico, mejor adherencia al agua y mayor durabilidad. Además, su capacidad de absorción de sonido lo hace ideal para carreteras urbanas donde se busca reducir el ruido vehicular.
Según el estudio “Rubberized Asphalt: Meeting Pavement Performance Goals While Protecting the Environment” publicado por Michael Heitzman en el Journal of Materials in Civil Engineering, este tipo de asfalto puede durar entre un 30 % y un 50 % más que el convencional, reduciendo significativamente los costos de mantenimiento vial a largo plazo.
Brasil, México, Sudáfrica y España han adoptado esta tecnología en múltiples proyectos.
En Andalucía, por ejemplo, el programa “Neumáticos Fuera de Uso” ha permitido reciclar más de 200.000 toneladas anuales de caucho, que terminan convertidas en pavimentos de alta calidad.
Además de las aplicaciones en carreteras, el caucho reciclado se emplea en pistas deportivas, suelas de calzado, aislantes acústicos e incluso en mobiliario urbano. Cada vez más industrias entienden que los neumáticos no son el final de una cadena, sino el comienzo de otra.
“Una basura con precio de mercado”
Lo más interesante del cambio de paradigma no es solo ecológico, sino económico. En la actualidad, los neumáticos usados ya no se entregan gratuitamente: se comercializan.
Empresas dedicadas al reciclaje los compran por tonelada, compiten por acceder a vertederos y diseñan sistemas logísticos para asegurar el suministro constante de este residuo reconvertido.
El investigador José M. Cabrera, en su obra Economía Circular y Nuevos Materiales, sostiene que “los residuos comienzan a cotizar cuando el conocimiento tecnológico permite redignificar su valor en la cadena productiva”.
Esta “revalorización” implica una transformación estructural: el neumático fuera de uso dejó de ser un pasivo para convertirse en activo estratégico.
España, por ejemplo, creó en 2005 el Sistema Integrado de Gestión SIGNUS, que agrupa a fabricantes y gestores de neumáticos en un circuito económico de recogida, transformación y reinversión.
En 2022, el sistema logró reciclar el 92 % de los neumáticos recogidos, una cifra que revela el potencial de una gestión bien articulada.
Esta lógica de mercado también influye en la innovación. Empresas como Genan (Dinamarca), Liberty Tire Recycling (EE. UU.) o Life for Tyres (España) desarrollan tecnologías patentadas para maximizar el aprovechamiento del caucho, reduciendo emisiones y generando empleos.
La basura se volvió negocio. Y como todo negocio, requiere eficiencia, regulación y visión.
“Del cementerio de neumáticos a la pista de carreras”
El caso de Kuwait simboliza el antes y después de este fenómeno. Durante décadas, el país albergó el mayor vertedero de neumáticos del mundo: más de 42 millones de unidades apiladas en el desierto de Sulaibiya, visibles desde el espacio.
El riesgo de incendios y la presión internacional llevaron al gobierno a actuar.
En 2021, inició un plan para vaciar el vertedero y transformar los neumáticos en materiales para la construcción.
En México, la planta de tratamiento Recycable, ubicada en León, Guanajuato, procesa 80 toneladas diarias de neumáticos, separando acero, fibras y caucho en un circuito totalmente automatizado.
El producto final se vende a empresas de asfaltado y fabricantes de pisos deportivos.
En Sudáfrica, el programa REDISA (Recycling and Economic Development Initiative of South Africa) logró, antes de su cierre por irregularidades, dar empleo a más de 3.000 personas en el sector de reciclaje de neumáticos, mostrando que la economía circular también puede ser inclusiva.
En Argentina, la empresa Regomax lidera la recolección y reciclado de neumáticos fuera de uso en Buenos Aires y otras provincias. Aunque aún enfrentan desafíos de infraestructura y normativas, el país avanza hacia una regulación nacional del residuo.
Incluso la Fórmula 1 se sumó al circuito. La empresa Pirelli implementó un sistema de reciclado para todos los neumáticos usados durante la temporada. Lo que alguna vez solo servía para correr, ahora vuelve a la pista, convertido en base para nuevos compuestos industriales.
En conclusión
El neumático, símbolo de movilidad, terminó atrapado en su paradoja: diseñado para resistir el tiempo, durante décadas fue incapaz de desaparecer. Hoy, esa resistencia se convirtió en virtud. El caucho y el acero que antes colapsaban vertederos alimentan industrias, crean empleos y sostienen caminos. Este renacimiento no es solo técnico, sino simbólico: revela que el futuro puede construirse con lo que el pasado desechó. Basta mirar la rueda con otros ojos.
Referencias:
- Heitzman, M. (2017). Rubberized Asphalt: Meeting Pavement Performance Goals While Protecting the Environment. Journal of Materials in Civil Engineering.
- Cabrera, J. M. (2020). Economía Circular y Nuevos Materiales. Editorial UPM.
- Domínguez, T. (2019). Gestión de Residuos y Economía Circular. Universidad de Sevilla.
- Agencia Europea de Medio Ambiente. (1995-2020). Reportes sobre residuos neumáticos.
- Environmental Protection Agency. (1990). Scrap Tire Management in the United States.

